El pasado de Cal Calsot. De masia ceretana a casa rural ecológica, sostenible y responsable.

Años 80

Seguro que recuerdas bien la década de los 80, fue una época de muchos cambios! … La caída del muro de Berlín, Barcelona era nominada próxima sede de los Juegos Olímpicos, Madrid vivía «La Movida», y escuchábamos Madonna, Mecano y Michael Jackson en cassettes. Vivíamos la era de los videoclips, seguramente jugabas al Tetris con la Game-boy, vestíamos ropa hortera, con hombreras y colores fluorescentes, vimos nacer TV3, flipábamos con la Bola de Cristal y el Renault 5 era el coche más vendido…

Mientras en el mundo industrializado vivíamos esta vorágine de cambios, Cal Calsot en aquellos años, todavía seguía funcionando como hacía siglos, como una casa de campo típica de la Cerdaña y de los Pirineos, donde la familia, era la base de su estructura organizativa y subsistía gracias a una economía de autosuficiencia. De esta manera la vida adquiría un sentido humilde, agrícola y cíclico.

La vida adquiría un sentido humilde, agrícola y cíclico.

Cal Calsot casa rural Cerdanya

La antigua vida de campo

Si dieses un salto en el tiempo y visitaras Cal Calsot a finales de los 80, la encontrarías en las afueras del pueblo. Allí vivían los masoveros y antes de entrar en la casa, te habrías cruzado con unas cuantas gallinas, que campaban a sus anchas por la era. Una vez dentro, en la corte, encontrarías las yeguas que están a punto de parir, y como fuera hace frío, dentro estaban más protegidas y el calor de los animales les servía para calentar el piso de arriba, que es dónde ellos vivían.

La primera planta es donde vivían, había una sala de estar, que sólo se utilizaba en ocasiones muy especiales; la cocina y las habitaciones, y en la planta de arriba, almacenaban la cosecha de patatas o de grano. En la casa siempre había un par de bueyes que se usaban para labrar, vacas para obtener leche y no podían faltar un par de cerdos de los que se aprovechaba todo. Piensa que los inviernos en la Cerdaña eran largos y duros, y había que asegurarse el alimento.

Cal Calsot ha sido escenario de esta vida dura pero, culturalmente rica, humilde y digna, y nos habla de cómo era la vida en una masia ceretana del S. XIX, de la relación entre las personas y la tierra, entre el conjunto de edificios, los cultivos y su carga productiva; de la relación entre los prados y el ganado, y la relación entre los árboles, la madera y la leña. Ha sido testigo de un modo de la vida ancestral hoy desaparecido, de una vida muy concreta y llena, la memoria de la vida de campo en el Pirineo, a los pies de la Sierra del Cadí.

Cambio de paradigma

Pero todo cambió con la entrada del capitalismo. Mucha de la población rural de Cerdaña migró a las ciudades, perdiendo la gente más joven y emprendedora. En consecuencia gran parte de los campos y pequeñas explotaciones quedaron abandonadas, y muchos de sus pueblos cayeron en el olvido.

La agricultura y la ganadería dejaron de ser actividades de autoconsumo para ser industrializarse: se intensificaron los cultivos, se mecanizaron y tecnificaron muchas tareas, se extendieron el uso de procesos químicos como fertilizantes y pesticidas, grandes extensiones de monocultivos, se seleccionaron especies adaptadas para obtener mayores beneficios, y la trashumancia dio paso a la cría de los animales en establos, de ese modo los ganaderos aumentaron su producción en el menor tiempo posible. No íbamos por buen camino …

Conciencia ecológica

Ser ecologista a principios de los 90 no era cosa fácil. Los últimos masoveros se jubilan en 1990 y la siguiente generación de propietarios deciden vivir en Cal Calsot. Eran jóvenes, con estudios, que vivían en la ciudad pero que querían volver a su origen, a la vida de campo, para vivir de una manera más natural … Neorurales, les llamaban. Así que decidieron seguir con la tradición ganadera de la finca pero con una mayor concienciación ecológica.
En aquella época la agricultura ecológica era un deporte de riesgo, y se la relacionaba con los hippies, el naturismo y la alimentación vegetariana, piensa que en el año 1994 se creó por primera vez el Consejo Catalán de la Producción Agraria Ecológica (CCPAE), y eran cuatro gatos que luchaban a contracorriente.
En este escenario, fue como durante 5 años estuvieron al frente de sus tierras, llevando a cabo la transformación de Cal Calsot a una explotación ganadera ecológica sostenible y respetuosa con su entorno; reubicaron sus vacas y yeguas, los animales de corral, gallinas, conejos y cerdos fuera de la masía, a una nueva granja, construida a 700m. de Cal Calsot; trabajaron por la conversión de sus prados como tierras de pasto ecológicas, tuvieron cuidado del bienestar de los animales, dejando de tener sus vacas en establos para volver al pasto; canalizaron y almacenaron el agua de lluvia, i fueron de los primeros en usar energías renovables instalando placas solares para calentar el agua de la casa.

Siglo XXI

Con el tiempo, una familia de Montellà, ganaderos de toda la vida se acabó haciendo cargo de la granja y algunos prados de pastos, y ahora con su pequeño obrador artesanal, Ecopyrene, producen carne ecológica de gran calidad, directa de productor al consumidor.

El resto de la historia, ya la conoces … Para poder preservar Cal Calsot como patrimonio histórico y arquitectónico de los Pirineos, dejó de ser una casa de campo para ser una casa rural sostenible y respetuosa con el medio ambiente, con nuevas personas al frente pero con la misma filosofía, como ha sido siempre desde hace casi 200 años!